Para entender por qué renunció Lavagna hay que entender qué cambiaba con la nueva canasta del INDEC. La canasta vieja pesa la inflación con datos de consumo de 2004. En aquel entonces internet era un lujo, los servicios públicos casi no pesaban porque estaban subsidiados. Hoy eso cambió radicalmente.
La nueva canasta, basada en 2017-2018, le daba más peso a transporte (del 11% al 14,3%), vivienda y energía (del 9,4% al 14,5%) y salud. Alimentos baja su peso relativo, aunque sigue siendo el ítem más grande.
¿El resultado? Con la nueva metodología, la inflación de 2025 habría dado apenas 0,6 puntos porcentuales más alta. No es una diferencia enorme. Pero con los aumentos de tarifas pendientes en 2026, la brecha hubiera crecido mes a mes. El Gobierno eligió seguir midiendo con la canasta de Menem. La pregunta que queda: ¿cuándo va a medir con la canasta del siglo XXI?












