Tras el fuerte temporal, el termómetro marcó mínimas inusuales para la época; el pronóstico extendido trae noticias para los amantes del sol.
Después de los destrozos y la lluvia, la Ciudad y el Conurbano se encontraron con una sorpresa climática: un descenso de temperatura que obligó a más de uno a desempolvar un abrigo liviano. Con máximas que apenas rozan los 23 grados, el área metropolitana vive un respiro térmico que rompe con la tradición de los eneros agobiantes. Este fenómeno se debe al ingreso de una masa de aire frío proveniente del sur que, tras desplazar la humedad acumulada, dejó un cielo despejado y un ambiente seco, más parecido a abril que a pleno verano.
Sin embargo, el «otoñito» tiene fecha de vencimiento. Según el Servicio Meteorológico Nacional, este alivio será pasajero. A partir de mediados de semana, el viento rotará nuevamente al sector norte, permitiendo que las temperaturas comiencen a subir de forma paulatina. Se espera que para el fin de semana el termómetro vuelva a superar la barrera de los 30 grados, devolviéndole al AMBA su clima característico de vacaciones. Mientras tanto, los bares y parques se llenaron de gente aprovechando el aire fresco, ideal para caminar o hacer ejercicio sin sufrir las consecuencias del sol fuerte.
La gran incógnita es si este patrón de tormentas seguidas de aire frío se repetirá durante febrero. Los especialistas señalan que el fenómeno de «El Niño» sigue activo, lo que podría generar más episodios de inestabilidad climática en la región central del país. Por ahora, la recomendación es disfrutar de estas noches frescas para dormir mejor, ya que la «venganza» del verano parece estar a la vuelta de la esquina con una nueva seguidilla de días calurosos para el cierre del mes.












