El reconocido economista analizó la coyuntura actual y señaló un desgaste en la capacidad del Gobierno para marcar el rumbo de los precios y la inversión. Según su visión, el programa ha perdido la potencia inicial y enfrenta el desafío de no quedar atrapado en una inercia peligrosa.
Luis Secco planteó una mirada crítica sobre la evolución del programa económico, subrayando que se ha entrado en una fase donde las herramientas oficiales parecen haber perdido su capacidad de «anclaje». Para el consultor, el mercado y los agentes económicos ya no reaccionan con la misma disciplina que al principio del mandato ante los anuncios oficiales. Esta pérdida de eficacia se traduce en una mayor dificultad para reducir la inflación estructural y para convencer a los inversores de que el camino de la estabilización es irreversible, generando un bache entre el discurso oficial y la realidad de los indicadores.
En su diagnóstico, el economista destaca que la «magia» del ajuste fiscal, aunque necesaria, ya no alcanza por sí sola para generar crecimiento. Secco advierte que el Gobierno se encuentra en una encerrona: si bien logró superávit, la falta de una hoja de ruta clara para salir del cepo y la incertidumbre sobre la sostenibilidad social del ajuste están erosionando la confianza. Esta «crisis de potencia» implica que el programa ya no logra disciplinar a los actores económicos, quienes empiezan a tomar decisiones basadas en la incertidumbre más que en las promesas de la administración central.
Hacia adelante, Secco señala que el principal riesgo es la parálisis por falta de resultados tangibles en el consumo y la actividad económica. El analista sugiere que, sin una nueva inyección de credibilidad o un cambio en la velocidad de las reformas, el programa corre el riesgo de volverse puramente defensivo. En este contexto, el segundo semestre de 2026 se perfila como una etapa determinante donde el Gobierno deberá demostrar si tiene la potencia política para relanzar su plan o si quedará limitado a administrar una estabilidad frágil y con escaso apoyo en la calle.







