Las auditorías internas de la Casa Rosada encienden las alarmas. Los análisis de conversación en redes muestran que el debut triunfal de la Selección no logró eclipsar el costo político del escándalo patrimonial del jefe de Gabinete.
La euforia y el festejo colectivo que generó la goleada de la Selección Argentina ante Argelia en Kansas City no alcanzaron para darle el respiro político que el Poder Ejecutivo esperaba en el plano doméstico. Según informes y auditorías de humor social que circularon de urgencia en los despachos de la Casa Rosada, la preocupación en la mesa chica de La Libertad Avanza va en aumento al constatar que el impacto digital del «caso Adorni» se mantiene en niveles críticos de negatividad, logrando perforar el blindaje comunicacional y el desvío de atención que tradicionalmente ofrece el inicio de una Copa del Mundo.
Los equipos encargados del monitoreo de las plataformas digitales detectaron que, si bien el triunfo del equipo de Lionel Scaloni monopolizó las tendencias durante los noventa minutos de juego, la conversación en torno a las inconsistencias en la declaración jurada y el crecimiento patrimonial del jefe de Gabinete se reactivó con fuerza apenas disminuyó la espuma de los goles. Para los estrategas del oficialismo, el dato más alarmante es que el cuestionamiento hacia el coordinador de ministros empezó a traccionar de forma orgánica entre usuarios que habitualmente se muestran esquivos a la militancia política, evidenciando un desgaste transversal que el relato oficial no está logrando contener.
Ante este panorama de vulnerabilidad comunicacional, los principales operadores del Gobierno admiten en estricto ‘off’ que la estrategia de sostener el hermetismo absoluto y apelar a la indiferencia empieza a mostrar signos de agotamiento. Con la presión en alza de los aliados legislativos del PRO y el endurecimiento de los bloques opositores en el Congreso, en Balcarce 50 ya evalúan un sutil cambio de postura que podría incluir una aclaración técnica detallada por parte del propio Adorni antes del próximo compromiso de la Selección, buscando desactivar una crisis que amenaza con opacar la agenda de reformas económicas de la segunda mitad del año.












