El Presidente destacó que la inflación de los que fabrican y distribuyen está desplomándose, pero reconoció que ese alivio todavía no llega del todo al consumidor final. Según el mandatario, la «inercia» y las expectativas de los comerciantes son los últimos obstáculos para derrotar a los precios.
Javier Milei volvió a usar sus redes y entrevistas para analizar la economía, esta vez con un mensaje agridulce. Por un lado, celebró que la inflación mayorista (la que manejan las fábricas y los grandes proveedores) viene bajando mucho más rápido de lo esperado, lo que para el manual libertario es la prueba de que el programa monetario funciona. Sin embargo, el Presidente no esquivó el bulto y admitió que la inflación minorista —la que te duele a vos en el súper— viene más lenta («rezagada», en sus palabras).
Para el Gobierno, esta diferencia tiene una explicación clara: los comercios y supermercados todavía tienen miedo de que el dólar o los costos vuelvan a saltar, por lo que mantienen precios altos «por las dudas» o para recuperar margen de ganancia. Milei insiste en que, como los costos mayoristas ya bajaron, es cuestión de tiempo para que la competencia obligue a los negocios a bajar los precios al público. Es, básicamente, una guerra de nervios entre el Gobierno, que dice que «ya está», y los comerciantes, que esperan a ver qué pasa.
¿Qué significa esto para tu semana? Que según la mirada oficial, el laburo «sucio» de bajar la inflación ya se hizo en la base de la pirámide y ahora falta que «derrame» al mostrador. El reconocimiento de este retraso explica por qué todavía no sentís el alivio total en la billetera a pesar de que el dólar esté planchado (como vimos que cerró el trimestre). Por ahora, el mensaje de la Rosada es: «la inflación ya bajó, solo falta que te enteres cuando vas a comprar». Habrá que ver si en abril los precios finalmente escuchan al Presidente.











