Tras conocerse datos de precios más altos de lo esperado, el Ministro de Economía bajó línea sobre la libertad monetaria. Aseguró que la clave para bajar la inflación es la confianza y no el cepo, mientras el Gobierno reconoce que el camino hacia el 1% mensual tiene más baches de los previstos.
Luis «Toto» Caputo salió a dar la cara después de que los últimos indicadores de inflación le pusieran un freno al optimismo oficial. Con un tono sincero, el ministro lanzó una frase que resume su filosofía actual: el Estado no puede forzar a los argentinos a ahorrar en una moneda en la que no confían. Para el equipo económico, la subida de precios de las últimas semanas es un recordatorio de que, aunque las cuentas fiscales estén en orden, la inercia y las expectativas de la gente todavía juegan su propio partido.
El ministro explicó que la estrategia de «secar la plaza de pesos» sigue firme, pero admitió que la velocidad de la desinflación depende de cuánto la gente decida volver a apostar por la moneda local. En lugar de endurecer los controles o poner más trabas, Caputo insistió en que el camino es seguir demostrando que el Gobierno no va a emitir más. Básicamente, la idea es que el peso se vuelva «escaso» por naturaleza y que eso, tarde o temprano, termine de planchar los precios sin necesidad de apretar a nadie.
Para los pibes que ven cómo el sueldo vuela en la primera quincena, las palabras de Caputo son una señal de que el «veranito» de baja de precios entró en una zona de turbulencia. El reconocimiento de que no se puede «forzar» el uso del peso es también un guiño hacia una futura competencia de monedas o una salida del cepo más natural. Por ahora, el mensaje de la Rosada es: «sabemos que está difícil, pero no vamos a usar recetas viejas que ya fallaron». La confianza, parece, es el último y más difícil casillero por completar.










