El índice de precios al consumidor registró un repunte durante el tercer mes del año, presionado principalmente por el alza internacional de los combustibles. Sin embargo, la inflación subyacente —que excluye los rubros más volátiles— se mantiene contenida en el 2,7%, validando la efectividad del programa de saneamiento financiero del Gobierno nacional.
Desde la mesa política de la Casa Rosada explican que este incremento del IPC responde a factores exógenos y a la necesaria actualización de los precios relativos en el sector energético, un movimiento innegociable dentro del plan de desregulación económica para el ciclo 2026. A pesar de la reacción de ciertos sectores ante este salto puntual, la administración central destaca que la «inflación subyacente» muestra una resiliencia que confirma la tendencia descendente en la presión monetaria. El Ministerio de Economía subraya que, a diferencia de épocas de estancamiento previo, el agobio sobre el bolsillo de los ciudadanos en las provincias territoriales está siendo monitoreado de cerca, pero sin recurrir a controles de precios distorsivos.
Para los socios estratégicos internacionales, el dato de la inflación subyacente es la variable clave que sostiene la confianza en el rumbo del país. La oposición transversal ha cuestionado el impacto de los carburantes en la canasta básica, pero el Gobierno nacional ratifica que la disciplina fiscal y el superávit primario son los pilares que permitirán absorber estos shocks sin poner en riesgo la estabilidad cambiaria. La gestión de Javier Milei sostiene que la normalización de la economía exige transitar estos ajustes temporales para alcanzar una estructura de precios alineada con los valores globales, garantizando así una recuperación sostenible.
De cara al inicio del segundo trimestre, la apuesta del equipo económico es que la desaceleración en otros rubros esenciales compense la presión energética, logrando un sendero inflacionario con tendencia bajista para el cierre del semestre. Con este panorama, el Ejecutivo nacional reafirma su compromiso con el déficit cero y la transparencia estadística, asegurando que la estrategia de no emisión monetaria es la única vía para consolidar la moneda argentina. El objetivo final sigue siendo transformar este ciclo de corrección de precios en el cimiento sólido que el entramado productivo nacional necesita para su despegue definitivo en este 2026.











