Crece la expectativa oficial ante la inminente difusión del dato del INDEC. Tras un enero picante, el equipo económico apuesta todo a que el número de febrero muestre una desaceleración real para calmar las aguas y demostrar que el plan está funcionando.
En los grupos de WhatsApp del Ministerio de Economía no se habla de otra cosa: la cifra de febrero está al caer y el clima es de final de mundial. Después de meses donde los precios no dieron tregua, el Gobierno necesita una victoria política para mostrarle a la sociedad (y a los mercados) que el ajuste está dando sus frutos. La gran apuesta es que el índice empiece con el número «2», lo que significaría que la inflación finalmente bajó de la barrera psicológica de los tres puntos mensuales y que el «sendero de desinflación» es una realidad.
La estrategia oficial fue clara durante todo el mes: pisar el freno en la emisión de pesos y tratar de mantener el dólar planchado. Sin embargo, los analistas privados advierten que no será tan fácil cantar victoria. Aunque algunos alimentos mostraron una leve tregua, los aumentos en servicios, transporte y medicina prepaga siguieron empujando fuerte. Por eso, en la Casa Rosada saben que un número mayor al esperado no solo sería un golpe al bolsillo, sino también un cachetazo al relato de «ordenamiento» que vienen pregonando desde principios de año.
Lo que está en juego con este dato es mucho más que una estadística. Si febrero da bien, el Gobierno gana oxígeno para seguir con las reformas y aguantar la presión de las paritarias. Si da mal, las dudas sobre la eficacia del plan económico volverán a instalarse en la calle, justo cuando el humor social está más sensible. Para los pibes que ven cómo cada vez es más difícil planificar el mes, el número que anuncie el INDEC será la señal definitiva: ¿estamos frenando la caída o seguimos en caída libre?











