Para evitar que el precio de la nafta se dispare aún más por el contexto internacional, el Ministerio de Economía decidió postergar hasta mayo el ajuste del impuesto a los combustibles. La medida busca darle un respiro al bolsillo tras un marzo muy duro y evitar que la inflación de abril arranque con el pie izquierdo.
En medio de la escalada del petróleo por la guerra y los aumentos que ya vimos en marzo, el Gobierno decidió aplicar un poco de anestesia. Originalmente, para el 1° de abril estaba programado un nuevo tramo de la suba de impuestos que impacta directamente en el precio final de la nafta y el gasoil. Sin embargo, Toto Caputo firmó la postergación de este aumento para mayo, reconociendo que sumarle más presión fiscal al surtidor en este momento sería como tirar nafta al fuego (literalmente) de la inflación.
La lógica detrás de la jugada es simple: si el petróleo ya subió por culpa de lo que pasa afuera, el Estado no puede venir a subirte los impuestos acá adentro sin que el precio se vuelva impagable. Con esta decisión, el Gobierno sacrifica un poco de recaudación para intentar que el índice de precios de abril no se contagie del rebote que tuvo marzo. Es una forma de «comprar tiempo» esperando que, para mayo, el precio internacional del crudo se estabilice un poco más y el golpe del impuesto sea más fácil de digerir.
¿Qué significa esto para vos? Básicamente, que la nafta va a subir menos de lo que se esperaba para este arranque de mes. No es que el precio se vaya a quedar congelado (porque las petroleras todavía tienen que seguir el ritmo del dólar y del crudo), pero el aumento va a ser bastante más leve. Para los pibes que laburan con la moto o el auto, es un alivio temporal que ayuda a pasar el mes. El Gobierno sabe que el bolsillo está al límite y esta postergación es el reconocimiento de que, por ahora, no hay margen para más presión.






