Tras el alto el fuego en Medio Oriente y la acumulación récord de reservas, el indicador del JP Morgan cayó con fuerza. Con el dólar planchado y las acciones volando en Wall Street, Argentina vive su mejor momento financiero en lo que va del 2026.
En una jornada de euforia para la City porteña, el riesgo país rompió la barrera de los 600 y se ubicó en los 550 puntos básicos. Este número, que parece técnico, tiene un impacto directo en la realidad: es la señal de que Argentina está dejando de ser vista como un «paciente de riesgo» para los inversores internacionales. El motor de esta mejora fue doble: por un lado, la tregua entre Estados Unidos e Irán que hizo caer el precio del petróleo (como vimos antes); por otro, la velocidad con la que el Banco Central está juntando dólares.
La reacción de las acciones no se hizo esperar. En Wall Street, los papeles de empresas argentinas —especialmente los bancos como el Galicia, Macro y Supervielle— pegaron un salto de hasta el 7%. Los inversores ven que, con un riesgo país en estos niveles, las empresas locales pueden empezar a pensar en pedir crédito afuera para invertir y crecer. Mientras tanto, los bonos soberanos (la deuda del Estado) también subieron de precio, confirmando que el «plan canje» de deuda para julio que lanzó el Gobierno tiene el camino despejado.
¿Qué pasa con el dólar en este escenario? Sigue en modo «siesta». Con tanta confianza y tantos dólares entrando por la cosecha y la energía, los tipos de cambio financieros (MEP y CCL) operaron a la baja, manteniéndose cerca de los $1.400. Para el pibe que labura, esta calma financiera es la que permite que el Gobierno se enfoque en la «inflación minorista» que Milei admitió que viene rezagada. Si el riesgo país sigue bajando, el crédito podría volver antes de lo esperado, marcando el fin definitivo de la etapa más dura de la recesión. Por ahora, el mercado compró el plan 2026 y los números le dan la razón.








