El sector comerciante advierte que el aumento de costos obligó a los consumidores a reducir las cantidades y volcarse hacia cortes más económicos o alternativas como el pollo y el cerdo.
La caída en las ventas de carne vacuna volvió a encender las alarmas en el sector minorista, donde los carniceros reportan una transformación drástica en la dinámica cotidiana de los mostradores. Según el testimonio de los comerciantes, la pérdida del poder adquisitivo y los ajustes de precios provocaron una merma considerable en el volumen demandado por cliente: la modalidad de compra pasó de ser semanal o por kilos a compras diarias ajustadas estrictamente al presupuesto de la jornada.
Ante este panorama, las carnicerías registran un desplazamiento de la demanda hacia los cortes más económicos y rendidores para el consumo familiar, desplazando a las piezas tradicionales de mayor valor. A su vez, para compensar la baja en el consumo de carne vacuna, las familias argentinas han volcado una porción importante de su canasta alimentaria hacia carnes alternativas como el pollo y el cerdo, que ofrecen opciones de menor costo relativo por kilogramo.
Desde las cámaras representativas del sector expresan preocupación por el impacto que la caída en los volúmenes comercializados genera en los márgenes de rentabilidad de los locales comerciales. Los referentes del rubro señalan que, de mantenerse esta tendencia de consumo acotado y sustitución de productos, muchos comerciantes deberán reestructurar sus costos operativos para sostener la actividad frente al incremento persistente de las tarifas de servicios públicos y el alquiler de los locales.











