Los superávits en las cuentas corriente y financiera garantizan la estabilidad cambiaria a corto plazo, mientras analistas advierten sobre los desafiantes supuestos del programa económico para el año electoral.
Las proyecciones de las principales consultoras privadas indican que la oferta de divisas en Argentina resultará suficiente para abastecer la demanda y sostener la estabilidad cambiaria durante lo que resta de 2026. Este desempeño favorable se apoya en un saldo positivo continuado de la cuenta corriente —impulsado por el comercio de bienes— y en el aporte de la cuenta financiera, apuntalada por emisiones provinciales y la colocación de deuda del sector privado. Pese a ello, indicadores como el incremento en las compras de dólar por parte de personas humanas en el mercado minorista comenzaron a encender señales de alerta entre los operadores financieros.
La atención de los economistas y del mercado financiero se desplaza progresivamente hacia 2027, un ejercicio que se anticipa más complejo por el solapamiento del calendario electoral y las metas del programa diseñado por el Ministerio de Economía. La estrategia oficial prevé una fuerte colocación de deuda en el mercado local e internacional para cubrir los abultados vencimientos de capital, una hipótesis calificada como «desafiante» por firmas como Analytica e Invertir en Bolsa (IEB) ante la posibilidad de que la incertidumbre política retraiga el apetito inversor hacia los títulos públicos.
El propio equipo económico reconoce las restricciones estructurales para acceder a financiamiento externo masivo debido al historial crediticio del país. Frente a este escenario, la capacidad del Gobierno para mantener el superávit fiscal, contener la dolarización de carteras y sostener el clima de negocios resulta determinante para calibrar si el esquema cambiario logrará sortear las presiones monetarias del próximo ciclo político.











