Las acciones y los bonos soberanos mantienen la tendencia bajista; la incertidumbre sobre el plan de estabilización tras el último dato de inflación golpea la confianza de los inversores.
El optimismo financiero que marcó el cierre del año pasado parece haber encontrado un techo de cristal. En una jornada marcada por las ventas generalizadas, el Riesgo País —el indicador que mide la sobretasa que paga Argentina para financiarse— pegó un salto y volvió a acercarse a la barrera de los 600 puntos básicos. El movimiento refleja la cautela de los fondos del exterior, que comenzaron a desprenderse de títulos públicos tras el dato de inflación del INDEC que resultó más alto de lo proyectado.
La caída no fue exclusiva de los bonos. En la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, el índice S&P Merval operó en rojo durante casi toda la rueda, afectado principalmente por el sector energético y bancario. Los inversores parecen estar recalculando sus planillas: si la inflación no baja al ritmo previsto, el Banco Central podría verse obligado a postergar la reducción de tasas, lo que impacta directamente en la valoración de las empresas y en el costo del crédito.
A pesar de la caída, en los pasillos oficiales mantienen la calma y atribuyen la baja a una «toma de ganancias» lógica después de meses de subas ininterrumpidas. Sin embargo, en las mesas de dinero de la City el clima es más tenso. «El mercado le está pidiendo al Gobierno señales más claras sobre la salida del cepo y la sostenibilidad del ajuste para que el Riesgo País no perfore otra vez el techo de los 600», explicó un operador bursátil.












