Un estudio privado advierte que, pese a las medidas de apertura comercial, la apreciación del tipo de cambio sostiene costos elevados en indumentaria, calzado y bienes durables respecto a países vecinos.
A pesar de los avances en la desregulación del comercio exterior y la reducción paulatina de aranceles de importación, la Argentina continúa posicionándose como el país más costoso de la región en el 70% de una canasta de bienes representativos. De acuerdo con un reciente informe sectorial, rubros claves como la vestimenta, el calzado, la tecnología y los electrodomésticos registran precios en dólares marcadamente superiores a los de economías limítrofes como Brasil, Chile y Uruguay, lo que consolida la brecha de competitividad que afecta tanto al consumo doméstico como al turismo de compras en el exterior.
El relevamiento destaca que la persistente apreciación cambiaria y la estructura de costos fijos locales —que abarca desde la presión impositiva en la cadena de distribución hasta los costos logísticos internos— amortiguan el impacto a la baja que se esperaba con el mayor flujo de bienes importados. Si bien algunos segmentos de línea blanca y electrónica mostraron leves correcciones de precios en los últimos meses por la mayor oferta disponible, la diferencia en moneda dura sigue ubicando al mercado argentino en desventaja frente a los valores internacionales.
Para los analistas económicos y representantes del comercio minorista, la dinámica de «Argentina cara en dólares» plantea un doble desafío: tensiona el poder adquisitivo de los salarios locales y presiona sobre la rentabilidad de la industria nacional de bienes de consumo. Ante este panorama, en el sector empresarial prevén que la convergencia hacia valores regionales será gradual y dependerá de reformas estructurales orientadas a reducir el «costo argentino» en las etapas de producción y comercialización.











