El deterioro en la cotización de los bonos soberanos refleja la cautela de los inversores ante el plano político interno y un contexto internacional adverso para los mercados emergentes.
El indicador elaborado por el banco JP Morgan para la Argentina experimentó una marcada tendencia alcista al posicionarse en torno a los 489 puntos básicos, alejándose de los mínimos registrados a principios de julio. La suba respondió directamente a la caída generalizada en los precios de los títulos de deuda en dólares, en un escenario donde los agentes económicos comenzaron a ponderar con mayor peso los riesgos de mediano plazo frente al estancamiento de la actividad en sectores clave.
En el plano local, las dudas sobre la capacidad del Gobierno para consolidar consensos legislativos y sostener las reformas en el Congreso generaron un clima de prudencia en la plaza financiera. Esta falta de certezas respecto a la gobernabilidad y al andamiaje político de cara a los próximos turnos electorales llevó a los grandes fondos de inversión a reducir sus posiciones en activos argentinos para volcarse hacia alternativas de menor volatilidad o mayor liquidez.
El escenario se vio complementado por un marco externo desfavorable, caracterizado por el reacomodamiento de los rendimientos en los bonos del Tesoro de Estados Unidos y la tensión en los mercados regionales. La combinación de estos factores globales con la cautela por el calendario de vencimientos de la deuda interna terminó por dinamitar el apetito por el riesgo argentino, interrumpiendo la racha positiva que exhibían las variables financieras durante el primer semestre.











