A pesar del optimismo del Gobierno, un informe privado reveló que la actividad económica retrocedió un 2,9% el mes pasado. El parate en la industria y el comercio compensó negativamente el empuje del campo, demostrando que la salida de la recesión viene más lenta de lo esperado.
El camino de la recuperación económica parece tener más baches de los previstos. Mientras que en los despachos oficiales se habla de «brotes verdes», el Índice General de Actividad (IGA) de la consultora Ferreres mostró que en febrero la economía se contrajo un 2,9% comparado con el mismo mes del año pasado. Este dato corta la racha de optimismo y pone en evidencia que, aunque sectores como el agro y la minería están volando, el resto de la economía «real» —la que genera la mayoría de los puestos de trabajo— todavía está en modo supervivencia.
¿Por qué se cayó el número? La explicación está en las persianas bajas y las máquinas paradas. El comercio minorista y la industria manufacturera sufrieron caídas de doble dígito, arrastrados por un consumo que no levanta (como vimos con el dato de las ventas en supermercados). Sin plata en el bolsillo, la gente compra menos; si la gente compra menos, las fábricas producen menos. Es un círculo vicioso que el empuje del campo y la energía todavía no logran romper del todo, generando una economía partida al medio.
Para los pibes, este dato explica por qué, aunque se hable de récords de exportación, todavía cuesta conseguir un laburo nuevo o pedir un aumento. Una economía que cae casi 3% es una economía que se achica, y eso se traduce en menos oportunidades en el día a día. El gran desafío para lo que queda del 2026 es que la mejora que se ve en los sectores estrella empiece a derramar hacia el comercio de barrio y la Pyme a la vuelta de tuerca. Por ahora, los números dicen que la crisis todavía no se fue y que el rebote sigue siendo una promesa difícil de cumplir.







