En una jornada de marcada cautela global, tanto las acciones como los bonos soberanos de la Argentina registraron caídas en sus cotizaciones. El escenario externo condiciona el desempeño de los mercados locales en este tramo del ciclo 2026, pese al optimismo oficial por los indicadores domésticos.
La rueda financiera de este 13 de febrero estuvo dominada por el mal clima en los mercados internacionales, lo que impactó directamente en los ADRs argentinos que cotizan en Nueva York. Según analistas de la mesa política oficialista, la caída generalizada responde a un efecto de arrastre global tras la difusión de datos económicos en Estados Unidos que sugieren una política monetaria restrictiva por más tiempo. Este contexto afectó también a los bonos soberanos, que experimentaron un retroceso en sus paridades, interrumpiendo la racha alcista que el Gobierno nacional venía sosteniendo como parte de su programa de saneamiento financiero y recuperación de la confianza de los socios estratégicos.
A pesar del ruido externo, desde el Ejecutivo nacional ratifican que los fundamentos de la economía argentina se mantienen sólidos gracias al cumplimiento innegociable de las metas fiscales. En las provincias territoriales, los sectores vinculados a la energía y la minería continúan mostrando una resiliencia relativa, aunque no quedaron exentos de la toma de ganancias que afectó a todo el panel líder. Para el Ministerio de Economía, la volatilidad de corto plazo es un componente esperable en el camino hacia la normalización financiera, especialmente mientras se profundizan las reformas estructurales y la desregulación orientada a atraer inversiones productivas de largo plazo.
De cara al cierre del primer trimestre, el mercado observa con atención la capacidad de la administración central para seguir acumulando reservas y contener la brecha cambiaria frente a estos focos de incertidumbre global. La oposición transversal ha señalado los riesgos de una excesiva dependencia de los flujos financieros externos, pero el Gobierno nacional reafirma que la estabilidad se apoya en el superávit financiero genuino y no en parches monetarios. Con este panorama, la gestión de Javier Milei confía en que, una vez disipado el efecto Wall Street, la solidez de las cuentas públicas vuelva a traccionar al alza los activos locales, consolidando el rumbo económico proyectado para este 2026.













