En febrero, el Congreso tuvo en agenda la reforma a la Ley de Glaciares. El proyecto impulsado retrocedería en los estándares de protección y abriría la puerta a actividades mineras en zonas actualmente vedadas.
La senadora Graciela Camaño fue de las más duras: ‘En materia ambiental los errores legislativos no se corrigen con discursos. Se observan cuando el agua falta’. Argentina tiene reservas de agua dulce que son un activo global en un mundo donde el agua escasea.
Los glaciares no votaron. Tampoco van a declarar en comisión. Si la reforma avanza, las consecuencias se van a notar décadas después, cuando quien la votó ya no esté en el cargo.










