Pese a los buenos balances corporativos, el mercado financiero adopta una postura de cautela («risk off») ante el estancamiento del consenso político oficialista y la cercanía del escenario electoral.
En un contexto global favorecido por datos de inflación moderada en Estados Unidos, los activos financieros argentinos mostraron un comportamiento a contracorriente, marcado por caídas generalizadas en bonos y acciones. Los grandes fondos y brokers de Wall Street comenzaron a aplicar una estrategia de reducción de exposición (risk off), motivada principalmente por encuestas que reflejan un estancamiento en el nivel de aprobación de la gestión de gobierno (en torno al 35%), lo que genera dudas sobre la viabilidad política de cara al horizonte electoral de 2027.
La cautela inversora se tradujo en una suba del riesgo país —que volvió a ubicarse en torno a los 470 puntos básicos tras rozar los 400 el mes anterior— y en un retroceso del índice S&P Merval medido en dólares. Este fenómeno ocurre aun cuando los balances presentados por grandes empresas de sectores como energía, banca y telecomunicaciones arrojaron resultados muy sólidos en el segundo trimestre. Sin embargo, el mercado prioriza el análisis político y las proyecciones sobre el nivel de actividad, empleo e ingresos reales por encima de los balances corporativos puntuales.
Para intentar dinamizar el crédito y apuntalar la actividad económica, el Palacio de Hacienda dispuso flexibilizaciones para los préstamos en moneda extranjera y evalúa canalizar fondos de largo plazo para revitalizar el mercado hipotecario. No obstante, en la plaza financiera predomina la intención de mantenerse con posturas «más livianas» hasta que la dinámica del consumo y la definición de las alianzas políticas ofrezcan mayor previsibilidad.










