Amiga incondicional de la diva argentina, la mujer repasó su trayectoria compartida en las bambalinas del espectáculo y la desgarradora tragedia familiar que marcó su vida.
En el universo del espectáculo argentino, pocas relaciones de amistad lograron sostener la complicidad y el hermetismo como la que une desde hace dos décadas a Moria Casán con su confidente conocida en el medio como «Zeta». A lo largo de los años, su presencia se convirtió en un pilar indispensable en el entorno cotidiano de la diva, acompañándola en camarines, viajes y bambalinas, lejos del foco de las cámaras y con una reserva absoluta sobre la intimidad de la artista.
Más allá del brillo de las marquesinas y las anécdotas de vestuario, la vida de Zeta estuvo atravesada por una profunda tragedia personal que reconfiguró su historia. La pérdida de su hijo significó un quiebre desgarrador en su vida, un dolor con el que aprendió a convivir y en el que la figura de Casán cumplió un rol de contención fundamental para transitar el duelo y continuar adelante en los momentos más oscuros.
En un repaso por sus vivencias compartidas, la compañera de la diva valoró el aprendizaje al lado de una de las figuras más emblemáticas de la escena nacional y la lealtad mutua que construyeron. Con un vínculo sostenido en el respeto y el afecto incondicional, la historia de Zeta refleja cómo el apoyo afectivo y el trabajo compartido se convirtieron en el refugio necesario para sobrellevar los momentos más difíciles de su vida personal.









