El acercamiento entre la Vicepresidenta y la senadora mendocina generó fuerte malestar en la Casa Rosada y encendió las alarmas en el bloque oficialista antes de un debate clave en el Senado.
La relación entre la Casa Rosada y la vicepresidenta Victoria Villarruel sumó un nuevo capítulo de máxima tensión tras los gestos de cordialidad y diálogo político que la titular del Senado mantuvo con la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti. En el entorno del presidente Javier Milei calificaron la actitud como una «provocación innecesaria», interpretando que las imágenes y conversaciones reservadas entre ambas dirigentes debilitan la posición del Ejecutivo frente al bloque opositor duro en las horas previas a tratar proyectos de alto impacto.
El enojo en el ala dura del Gobierno nacional trasciende lo político e impacta de lleno en la estrategia parlamentaria para la sesión donde se prevé discutir la denominada Ley de Tierras. Desde Balcarce 50 cuestionan que, mientras la administración central intenta sostener la cohesión de los propios y de los aliados dialoguistas para evitar modificaciones en el texto original, la titular de la Cámara Alta teja puentes autónomos con una de las espadas legislativas más críticas de la oposición.
En el Senado, la interna libertaria amenaza con entorpecer la búsqueda de consensos indispensables para asegurar el quórum y destrabar la votación. Mientras algunos senadores oficialistas intentan bajarle la cifra al cruce argumentando que se trató de cortesía institucional propia de la labor legislativa, cerca del Gabinete advierten que el margen de error para las reformas centrales es nulo y exigen una mayor alineación de Villarruel con la agenda que marca el Poder Ejecutivo.












