La negativa rotunda del menor a abrocharse la retención de seguridad impidió el despegue de la aeronave, desatando la furia de más de un centenar de pasajeros.
Lo que debía ser un trayecto de rutina finalizó en una auténtica pesadilla logística para una tripulación y más de cien viajeros en un aeropuerto canadiense. Todo comenzó minutos antes del despegue, cuando los auxiliares de cabina realizaron la verificación habitual e indicaron a los adultos a cargo de un nene de tres años que debían sujetarlo de forma segura en su asiento. Sin embargo, el niño sufrió un berrinche y reaccionó con gritos y llanto, rechazando tajantemente el ajuste de la cinta de seguridad.
A pesar de las constantes tentativas por parte de los padres y del propio personal del avión para calmar la situación, el protocolo internacional de aviación prohíbe taxativamente iniciar las maniobras de carreteo o vuelo con ocupantes sueltos. Tras una prolongada demora en la pista y con los tiempos operativos al límite, el comandante de la aeronave resolvió retornar a la terminal de embarque y suspender definitivamente la partida programada.
El incidente escaló rápidamente en el aeropuerto y trascendió a las redes sociales mediante grabaciones de los propios afectados, quienes expresaron una marcada indignación por la cancelación inesperada. Mientras la aerolínea debió reprogramar el viaje para los cientos de usuarios perjudicados y costear alojamientos de emergencia, la familia del menor debió retirarse del lugar escoltada en medio de un clima tenso por los reproches del resto del pasaje.









