El norte de Buenos Aires vivió el mes más seco desde mediados del siglo pasado, encendiendo las alarmas en el sector agropecuario.
La falta de lluvias durante el primer mes de 2026 marcó un hito histórico negativo para la región bonaerense. Según los registros meteorológicos, los niveles de agua caída fueron los más bajos en más de seis décadas, dejando a los suelos en una situación crítica. Este escenario no solo afecta a los productores rurales, sino que empieza a preocupar por su posible impacto en la economía y el abastecimiento de productos básicos.
El fenómeno, impulsado por una combinación de altas temperaturas constantes y la ausencia de frentes húmedos, secó por completo las reservas de agua en zonas clave como Pergamino, Junín y San Pedro. Los especialistas advierten que los cultivos de verano, como la soja y el maíz, ya muestran signos de estrés hídrico irreversible, lo que podría traducirse en una cosecha mucho menor a la esperada para este ciclo.
Aunque se esperan algunos chaparrones aislados para los próximos días, los expertos aseguran que no serán suficientes para revertir el déficit acumulado. La mirada ahora está puesta en el resto de febrero, con la esperanza de que el clima dé un respiro y lleguen precipitaciones constantes que permitan salvar lo que queda de la producción y aliviar la situación de las napas subterráneas.







