Tras rozar la barrera de las 400 unidades meses atrás, el indicador rebotó hasta los 445 puntos básicos. El enfriamiento de Wall Street, las dudas por las tasas de la Fed y factores de la política doméstica explican el freno en la mejora de los bonos argentinos.
La expectativa de ver al riesgo país perforando el piso de los 400 puntos básicos se evaporó en las últimas semanas. El indicador elaborado por JP Morgan rebotó hacia las 445 unidades, empujado por una combinación de mayor aversión al riesgo global y dinámicas propias del frente financiero e institucional interno.
En el plano internacional, el retroceso generalizado en Wall Street —encabezado por un sesgo vendedor en acciones tecnológicas y la firmeza de las tasas de largo plazo en EE. UU.— golpeó a los activos emergentes. A esto se sumó la cautela tras la decisión de la Reserva Federal de mantener las tasas sin cambios en una votación dividida, lo que redujo el margen para una racha alcista sostenida en los títulos soberanos en dólares.
Por el lado local, la demanda de deuda argentina mostró señales de moderación en las últimas licitaciones del Tesoro (como la colocación del Bonar 2029), en un contexto donde los inversores monitorean con atención la evolución de las encuestas de gestión y el escenario de cara al próximo ciclo electoral.












