Lo que parecía un hallazgo fortuito en un barrio de clase alta en Londres terminó en una disputa que divide a las redes sociales. Un joven recolector de objetos usados encontró una caja llena de cartas coleccionables y, tras investigar su valor, descubrió que tenía en sus manos una pequeña fortuna que cambió su vida… y despertó la furia de los dueños originales.
El protagonista, un joven de 22 años llamado Sam, tiene por hobby el «dumpster diving» (bucear en contenedores de basura). Según relató en sus redes, encontró una caja metálica entre bolsas de residuos reciclables. Al abrirla, encontró cientos de cartas de Yu-Gi-Oh! de la primera edición, incluyendo un ejemplar del Dragón Blanco de Ojos Azules en perfecto estado de conservación. Tras hacerlas tasar y subastarlas a través de una plataforma especializada, Sam recaudó la impresionante suma de 60.000 dólares.
El escándalo estalló cuando el video de su hallazgo se volvió viral y llegó a los ojos de una familia que reconoció la caja. Al parecer, la madre de un joven que se había mudado recientemente decidió «limpiar el ático» y tiró la colección sin saber que eran objetos de valor. La familia contactó a Sam exigiendo la devolución del dinero, alegando que el contenido fue desechado por error. Ante la negativa del joven —quien argumenta que una vez que algo está en la basura es de dominio público—, la familia inició una demanda legal que ha encendido el debate: ¿es robo o es hallazgo?
La comunidad de coleccionistas está en llamas. Mientras algunos defienden a Sam bajo la premisa de «quien lo encuentra se lo queda», otros critican la falta de ética al no intentar contactar a los dueños antes de la venta. El caso ha puesto la lupa sobre el mercado de las cartas retro, que en 2026 sigue alcanzando precios astronómicos, y sobre las leyes de propiedad de residuos, que varían según la jurisdicción pero que, en este caso, podrían sentar un precedente histórico para los «buscadores de tesoros» urbanos.








