Nuevos conceptos sobre salud mental y hábitos de consumo tecnológico analizan el impacto de la hiperconectividad y revalorizan el tiempo de desconexión en solitario.
Las plataformas digitales y las redes sociales popularizaron dos términos opuestos que sintetizan los cambios en la conducta social frente a la hiperconectividad: el FOMO (Fear of Missing Out, o el miedo a perderse de algo) y su contraparte, el ROMO (Reality of Missing Out, o la aceptación y alivio de quedarse afuera). Mientras el primero describe la ansiedad generada al percibir que los demás disfrutan de experiencias sociales de las que uno no participa, el segundo celebra el bienestar asociado al descanso, la introspección y el disfrute del hogar.
El fenómeno del FOMO, ampliamente estudiado por la psicología contemporánea, se alimenta del flujo constante de publicaciones hiperidealizadas en plataformas como Instagram o TikTok, impulsando la necesidad de estar permanentemente conectado para no quedar marginado de las tendencias o los círculos de pertenencia. En respuesta a esa fatiga digital, el ROMO se consolidó en los últimos meses como una tendencia cultural que reivindica el derecho al aislamiento voluntario, la desconexión de las pantallas y el valor del tiempo libre sin culpa.
Especialistas en bienestar digital señalan que la convivencia de ambos conceptos refleja una tensión creciente entre la presión por la socialización constante y la necesidad de establecer límites saludables frente al desgaste emocional. De este modo, la viralización de estas siglas contribuye a visibilizar la importancia de gestionar el tiempo de exposición digital y priorizar la salud mental en entornos altamente tecnologizados.










