Los operadores de Wall Street y las principales sociedades de bolsa locales aguardan con expectativa la definición de MSCI. Un eventual ascenso desde la categoría de «Standalone» abriría las puertas al flujo de capitales de fondos de inversión internacionales a los activos locales.
El mercado financiero argentino se encuentra frente a una jornada clave que podría reconfigurar de manera drástica el flujo de inversiones extranjeras hacia el país. Los principales operadores de la City porteña y Wall Street siguen minuto a minuto los informes de la firma global de índices MSCI (Morgan Stanley Capital International), ante la fuerte expectativa de que se formalice el primer paso técnico hacia una reclasificación de la plaza financiera local, un movimiento regulatorio que, según las proyecciones más optimistas de las consultoras privadas, catalizaría el ingreso de unos USD 4.500 millones en el mediano plazo.
Actualmente, los activos de renta variable y los bonos de la Argentina se encuentran relegados en la categoría más baja del panel internacional, denominada «Standalone» o mercado independiente, un estatus de aislamiento financiero al que el país fue confinado debido a los estrictos controles cambiarios y la inestabilidad de las variables macroeconómicas de los últimos años. Un inicio formal del proceso de revisión por parte del comité de MSCI significaría un aval explícito a las reformas desregulatorias implementadas por el Palacio de Hacienda, abriendo el sendero para un futuro ascenso a mercado «Frontera» o, eventualmente, al codiciado estatus de «Emergente».
La relevancia de este hito radica en que la gran mayoría de los fondos comunes de inversión transnacionales y los fondos de pensión globales tienen prohibido por estatuto colocar capitales en países calificados como Standalone. Una mejora en la calificación obligaría a estos administradores de carteras a replicar de forma automatizada los nuevos índices, generando una millonaria demanda genuina de acciones de empresas bancarias, energéticas y de servicios del país, lo que inyectaría una fuerte liquidez al sistema, apuntalaría el valor de las cotizaciones de las empresas argentinas y convalidaría el sendero de estabilización financiera que busca consolidar el Ejecutivo nacional.








