A pesar del desgaste patrimonial que reflejan los últimos sondeos, la mesa chica de la Casa Rosada ratificó la continuidad del jefe de Gabinete. Para el círculo íntimo presidencial, el funcionario es una pieza clave e inamovible, mientras que el sector financiero desestima un cimbronazo institucional.
La danza de rumores sobre posibles cambios en la cúpula del Poder Ejecutivo quedó desactivada de manera tajante tras una serie de reuniones de alta tensión en Balcarce 50. La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, tomó la determinación final de blindar la figura de Manuel Adorni, ratificándolo al frente de la Jefatura de Gabinete. La decisión oficial busca cortar de raíz las especulaciones alimentadas por la oposición y por los informes reservados que marcaban un retroceso en la imagen del funcionario tras el escándalo de su declaración jurada. En el entorno presidencial prima una máxima inquebrantable: el Gobierno no entrega ministros bajo presión externa.
Los fundamentos que sostienen al coordinador de ministros en su puesto van mucho más allá de la lealtad personal. Puertas adentro, Adorni es considerado el principal arquitecto del ordenamiento burocrático del Estado y el único capaz de centralizar la compleja relación con los gobernadores provinciales en un momento de fuerte sequía fiscal. Los estrategas de La Libertad Avanza evalúan que forzar su salida en este contexto implicaría admitir una debilidad política que el oficialismo no está dispuesto a convalidar, sobre todo cuando se avecinan debates legislativos determinantes para el rumbo de las reformas económicas.
Por su parte, el frente económico y financiero de la City porteña reaccionó con una llamativa neutralidad ante las turbulencias de los pasillos gubernamentales. Los principales operadores del mercado cambiario y los bancos de inversión desestimaron el riesgo de una crisis política profunda, manteniendo estables los indicadores de riesgo país y los contratos de dólar futuro. Para el establishment financiero, la continuidad de los lineamientos del Palacio de Hacienda y el estricto compromiso con el superávit fiscal son los verdaderos pilares que garantizan la confianza inversora, quedando las discusiones sobre los patrimonios de los funcionarios en un plano secundario que no altera la macroeconomía.










