El jefe de Gabinete atraviesa el tembladeral político más complejo desde su asunción, jaqueado por las denuncias patrimoniales y el feroz cruce público con Victoria Villarruel. Aunque los bloques aliados exigen explicaciones en el Congreso, la mesa chica de Olivos mantiene su postura de no entregar el cargo.
El despacho del jefe de Gabinete se transformó en el epicentro de la mayor crisis política que registra la administración libertaria. Manuel Adorni enfrenta sus horas más complejas bajo un fuego cruzado que ya no proviene únicamente de las usinas de la oposición tradicional, sino de las entrañas del propio oficialismo. La durísima descalificación de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien calificó de «vergüenza» la admisión de Adorni sobre sus fondos no declarados, rompió definitivamente el pacto de silencio interno y dejó al coordinador de ministros expuesto a una soledad parlamentaria inédita en el peor momento de su gestión.
La presión escaló con fuerza en el Congreso de la Nación, donde los bloques aliados e interbloques dialoguistas comenzaron a tomar distancia de la figura del funcionario. En los pasillos de la Cámara de Diputados y del Senado ya se debaten pedidos de informes y citaciones formales para que Adorni rinda cuentas sobre las presuntas inconsistencias en su declaración jurada y el polémico uso de vuelos privados. La fragilidad legislativa del oficialismo enciende las alarmas en el ala política del Gobierno, donde temen que el desgaste personal del jefe de Gabinete termine empantanando las negociaciones clave y los consensos que restan cerrar con las provincias.
A pesar del combo de denuncias judiciales y el aislamiento político, Adorni sostiene su permanencia amparado de forma exclusiva en el respaldo directo e incondicional de Javier Milei. Desde el entorno presidencial repiten que el mandatario no está dispuesto a entregar la cabeza de uno de sus alfiles fundacionales ante la presión mediática, interpretando la crisis como un intento de desestabilización hacia la mesa chica que completan Karina Milei y Santiago Caputo. Sin embargo, en el círculo rojo libertario admiten que el costo de sostener al vocero de la austeridad envuelto en un escándalo de millones de dólares empieza a horadar el núcleo duro del discurso oficialista.










