El cofundador de Cambiemos rompió el silencio con un crudo diagnóstico sobre el presente de la Unión Cívica Radical y alertó sobre los peligros de la atomización interna. El dirigente mendocino llamó a recuperar la identidad histórica del partido para evitar la irrelevancia electoral.
El histórico dirigente de la Unión Cívica Radical (UCR), Ernesto Sanz, sacudió el escenario político nacional al trazar un preocupante panorama sobre la actualidad estructural del partido centenario. En declaraciones periodísticas que repercutieron con fuerza en los comités provinciales, el exsenador por Mendoza afirmó de manera tajante que la fuerza atraviesa uno de los momentos de mayor debilidad e incertidumbre ideológica de su historia reciente. Según la mirada del armador político, las profundas divisiones internas que exhibe el radicalismo ante las principales iniciativas legislativas de la administración nacional exponen una alarmante falta de conducción unificada que confunde a su base tradicional de votantes.
El análisis de Sanz hizo especial hincapié en la pérdida de una estrategia de poder nacional y en el riesgo inminente de que el partido quede reducido a un conjunto de expresiones provinciales o distritales aisladas y sin proyección central. El dirigente lamentó que el debate interno se encuentre copado por personalismos que priorizan el posicionamiento de cara a los próximos comicios legislativos en detrimento de un programa de ideas sólido que represente a los sectores medios y productivos del país. En ese sentido, instó a las diferentes líneas internas —tanto a las expresiones más críticas como a las dialoguistas con el Poder Ejecutivo— a establecer un marco mínimo de coincidencias que preserve la personería institucional.
Las repercusiones de los dichos del cofundador de la extinta coalición Cambiemos generaron un inmediato cruce de opiniones entre los principales referentes parlamentarios de la UCR. Mientras algunos sectores alineados con la conducción formal del partido coincidieron en la necesidad de una profunda autocrítica, las terminales provinciales gobernadas por el radicalismo relativizaron los cuestionamientos y prefirieron enfocar la prioridad en la defensa de los recursos fiscales de sus respectivos distritos. La advertencia del mendocino instala un fuerte debate doctrinario a las puertas del año electoral, en un contexto donde todas las fuerzas políticas tradicionales redefinen sus alianzas operativas.










