En una nueva e incómoda actividad propuesta por el programa, los participantes tuvieron que señalarse frente a frente para armar un ranking de quiénes consideran que tienen menos chances de ganar. El resultado generó cruces picantes y lágrimas en el confesionario.
El clima en la casa más famosa del país se puso espeso tras un desafío que obligó a los jugadores a abandonar la diplomacia. Bajo la consigna de armar un «podio de perdedores», cada integrante debió elegir a tres compañeros y ubicarlos en escalones según su criterio de debilidad en el juego. La consigna, lejos de ser tomada como un simple análisis táctico, hirió susceptibilidades profundas, ya que las justificaciones incluyeron críticas a la falta de personalidad, estrategias fallidas y poca llegada al público.
Uno de los momentos más calientes de la tarde se produjo cuando los líderes de los distintos grupos chocaron al explicar sus elecciones. El primer puesto del podio fue el más disputado, y quien quedó en ese lugar no ocultó su bronca, acusando al resto de «hacer complot» para desestabilizarlo emocionalmente. Los argumentos sobre quién aporta menos a la convivencia o quién es «caracol» (el término usado para los jugadores pasivos) fueron la moneda corriente de una jornada que terminó con el grupo totalmente dividido.
Las repercusiones no tardaron en llegar: tras la dinámica, varios participantes se refugiaron en las habitaciones y otros descargaron su angustia en el confesionario, asegurando que esta actividad marcó un «punto de no retorno» en varias alianzas que parecían sólidas. En las redes sociales, los fanáticos ya tomaron partido por los «perdedores» del podio, transformando lo que fue un momento de debilidad dentro de la casa en una posible campaña de apoyo para las próximas galas de eliminación. Sin dudas, una jugada maestra de la producción para que las caretas terminen de caer.










