Se implementará una nueva canasta para el IPC y se elevaron los límites de intervención cambiaria; analistas advierten que es un momento clave para la confianza del mercado
El tercer día del año llega con cambios estructurales en la política económica. El Gobierno anunció una actualización en la metodología para medir la inflación, que incluirá una nueva canasta de bienes y servicios para el Índice de Precios al Consumidor (IPC), buscando reflejar con mayor precisión los hábitos de consumo actuales. En paralelo, el Banco Central dispuso una suba en las bandas de intervención del dólar, otorgando una mayor flexibilidad al tipo de cambio en un contexto de búsqueda de estabilidad.
Estos movimientos representan un «test de estrés» para la confianza de los inversores en la gestión de Javier Milei. Mientras que desde el Palacio de Hacienda sostienen que estas medidas aportan transparencia y modernizan las herramientas de gestión, en el mercado conviven la expectativa y la cautela. La pregunta central es si el cambio en la medición será aceptado por los agentes económicos como una mejora técnica o si se percibirá como un intento de moderar estadísticamente los índices de precios.
Por el lado cambiario, la actualización de las bandas busca evitar un atraso que afecte la competitividad, especialmente en vísperas de los meses de menor ingreso de divisas. El éxito de esta transición dependerá de la capacidad oficial para comunicar los cambios sin generar incertidumbre en los precios ni en la brecha, en un enero que ya se perfila como un mes de reordenamiento macroeconómico profundo.












