Analistas advierten que la capacidad de compra de divisas será el termómetro del mercado en el inicio de 2026; la meta con el FMI sigue siendo la prioridad.
Con el comienzo del año, el programa económico entra en una etapa de definiciones. Tras un 2025 marcado por la contención de la brecha, los especialistas sostienen que el éxito de esta nueva fase dependerá exclusivamente de la velocidad con la que el Banco Central pueda acumular reservas internacionales. Este factor es considerado vital no solo para dar previsibilidad al tipo de cambio, sino también para cumplir con los compromisos internacionales y facilitar una eventual salida del cepo.
Los informes de las principales consultoras destacan que, si bien la liquidación del agro suele ser menor en el primer trimestre, el ingreso de divisas por exportaciones energéticas y mineras podría compensar la balanza. Sin embargo, el mercado observa con cautela el nivel de reservas netas, que aún se encuentran en terreno delicado. «La acumulación de dólares es la garantía de que el plan puede sostenerse sin saltos devaluatorios», señalan desde el sector financiero.
El foco también está puesto en la relación con los organismos multilaterales de crédito. El cumplimiento de las metas de acumulación pactadas será determinante para destrabar nuevos desembolsos y mejorar la calificación crediticia del país. En este escenario, cada rueda cambiaria de enero será analizada como una señal de la fortaleza del Central frente a la demanda de importadores y los vencimientos de deuda.







