El Tribunal Oral Federal N° 1 dictó la sentencia tras comprobarse que el acusado utilizaba un templo religioso como fachada para captar personas en situación de vulnerabilidad. Las víctimas eran sometidas a explotación laboral y reducción a la servidumbre.
La justicia federal dictó una condena ejemplar contra el líder de una organización coercitiva que operaba bajo el amparo de una falsa congregación religiosa en la zona sur del conurbano bonaerense. El Tribunal Oral Criminal Federal N° 1 determinó una pena de nueve años de prisión efectiva para el principal investigado, tras hallarlo penalmente responsable del delito de trata de personas con fines de explotación laboral, agravado por la cantidad de víctimas y por haber sido cometido mediante engaños y abuso de una situación de vulnerabilidad social y económica.
La investigación judicial, que demandó más de dos años de tareas de inteligencia y recolección de pruebas, demostró que el imputado utilizaba su rol de «pastor» para captar a personas afectadas por severas crisis personales o financieras. Bajo la promesa de una sanación espiritual y una contención comunitaria, los damnificados eran paulatinamente aislados de sus círculos familiares directos y despojados de sus documentos de identidad. Posteriormente, eran alojados en condiciones de hacinamiento dentro de un predio cerrado y obligados a cumplir extensas jornadas laborales en talleres textiles clandestinos y cooperativas apócrifas, sin percibir ningún tipo de remuneración económica a cambio.
El dictamen de los magistrados incluyó además una histórica reparación económica para las víctimas rescatadas durante los operativos policiales, la cual se financiará mediante el decomiso de los bienes inmuebles y los vehículos de alta gama que el falsario había adquirido gracias a las ganancias del circuito ilegal.
Las defensas de los damnificados expresaron su conformidad con el veredicto, destacando que el fallo judicial sienta un precedente fundamental en el abordaje y la desarticulación de organizaciones delictivas que utilizan la manipulación psicológica y las fachadas místicas como herramientas de sometimiento. Por su parte, el condenado fue trasladado de inmediato bajo un estricto cordón de seguridad a un complejo penitenciario federal para comenzar el cumplimiento efectivo de la pena establecida.







