Lo que comenzó como un hobby durante la pandemia terminó convirtiéndose en un negocio familiar que combina vivero, cafetería, talleres y servicios para plantas. Ahora proyectan abrir un segundo local.
Todo empezó con una compostera casera y una pregunta bastante simple: ¿alguien estaría dispuesto a comprar lombrices? Julián González Oliva llevaba tiempo experimentando con compostaje para producir su propia tierra y humus cuando, durante la pandemia, decidió publicar las lombrices en Mercado Libre. La respuesta fue inmediata: vendió el mismo día y apenas 48 horas después ya estaba tomando pedidos para la semana siguiente.
El crecimiento obligó a transformar el garage familiar en una pequeña base de operaciones. Junto a Luciana Amicone comenzaron preparando pedidos desde su casa y haciendo personalmente los repartos. Cuando la demanda superó los 20 pedidos diarios, incorporaron motos y aumentaron la producción. También aparecieron clientes de mayor escala que llegaron a pedir entre 80 y 90 kilos de lombrices.
Pero los propios compradores fueron empujando el negocio hacia algo mucho más grande. Primero llegaron los pedidos de fertilizantes, sustratos y productos para plantas. En 2022 alquilaron un espacio que originalmente iba a funcionar como depósito, pero terminó convertido en Ada Jardín, un vivero con más de 400 plantas. Dos años después sumaron una cafetería, luego de que los clientes comenzaran a pedir un lugar donde quedarse a tomar algo o trabajar.
Hoy el emprendimiento también ofrece mantenimiento de plantas para hogares y empresas y organiza talleres, algunos de los cuales llegaron a convocar a 100 personas durante un fin de semana. El negocio familiar ya factura más de $190 millones al año y sus fundadores analizan dar el próximo paso: abrir un segundo local.












