El informe de la UCA incluyó un dato que habla de una crisis silenciosa: el 55,3% de las unidades domésticas reportó que no puede hacer arreglos o mejoras en su vivienda. No es un lujo: son goteras, paredes húmedas, instalaciones eléctricas inseguras.
La explicación es lógica: cuando el ingreso apenas alcanza para comer, el mantenimiento de la vivienda queda para después. El problema es que ‘después’ se acumula.
El informe habla de ‘degradación del hábitat’ como un proceso que va a ser difícil de revertir. La vivienda no es solo un lugar donde dormir. Es capital, es seguridad, es bienestar.










