El ministro de Economía ratificó la consolidación del programa de equilibrio fiscal y proyectó un fuerte repunte de la actividad de cara a los próximos meses. El jefe del Palacio de Hacienda se mostró confiado con la evolución de los indicadores clave para el venidero proceso electoral.
El ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, revalidó con firmeza las bases del programa económico vigente durante su disertación frente a los principales referentes del sector empresarial y financiero del país. El funcionario repasó la evolución de las variables monetarias, destacando el sostenimiento del superávit fiscal y la desaceleración persistente de los índices de precios al consumidor. En su exposición, el jefe de las finanzas públicas descartó de plano cualquier tipo de viraje en la hoja de ruta oficial, asegurando que la disciplina en las cuentas del Estado nacional constituye el pilar inalterable sobre el cual se asienta la estabilidad macroeconómica de la Argentina.
La declaración más resonante de su discurso estuvo vinculada a las perspectivas para el mediano plazo y al impacto que el proceso de estabilización tendrá en el humor social. Caputo vaticinó que las mejoras reales en los niveles de consumo, la paulatina recomposición de los salarios y la consolidación de la baja inflacionaria se harán plenamente visibles antes de la contienda en las urnas. En ese contexto, el ministro afirmó por primera vez de manera contundente que la economía terminará por imponerse sobre las especulaciones de los dirigentes opositores, sentenciando que los buenos resultados de la gestión se van a llevar puesta a la política tradicional en el año electoral.
El pronunciamiento del titular del Palacio de Hacienda generó inmediatas repercusiones en el arco político y entre los analistas del mercado, quienes interpretaron el mensaje como una muestra de absoluta centralidad y confianza gubernamental. Los representantes del sector privado valoraron la certidumbre respecto al rumbo macroeconómico, aunque renovaron los planteos en torno a la necesidad de avanzar con la quita de los controles cambiarios remanentes y la reducción de la presión impositiva para acelerar la inversión productiva. La encendida defensa del plan oficial agita el escenario preelectoral, instalando al éxito del programa económico como el principal eje de la narrativa de la fuerza de gobierno.







