Tras la reapertura del Estrecho de Ormuz, el barril de crudo retrocedió y se ubicó por debajo de los USD 90. La baja del precio internacional le quita presión a los combustibles en Argentina y refuerza el compromiso de estabilidad que el Gobierno pactó con las petroleras.
La tensión en Medio Oriente dio un paso atrás y los mercados energéticos reaccionaron con un desplome inmediato. Con la normalización del paso por el Estrecho de Ormuz, el petróleo dejó de cotizar con «prima de guerra» y volvió a niveles inferiores a los USD 90 por barril, una caída superior al 10% que cambia completamente el escenario para la inflación minorista en Argentina.
Este retroceso es una gran noticia para el esquema de precios del Gobierno. Hace solo una semana, el salto del crudo ponía en duda la tregua de 45 días que las petroleras (YPF, Shell y Axion) habían acordado para mantener congelados los surtidores. Con el barril de nuevo en niveles más razonables, ese acuerdo gana sostenibilidad, alejando la posibilidad de aumentos por «costos importados» que hubieran impactado directo en el transporte y la distribución de mercaderías.
Para el equilibrio macroeconómico, este descenso del crudo actúa como una «baja de impuestos» indirecta. Al reducirse la presión sobre el precio de la energía, el Banco Central puede seguir enfocado en acumular reservas y el Gobierno en reducir el gasto, sin el temor de que un shock externo dispare los costos logísticos. En definitiva, el contexto mundial vuelve a jugar a favor de la estabilidad local, permitiendo que la atención regrese a la recuperación del consumo y el crédito interno.








