Las entidades bancarias y de financiamiento lanzaron un paquete de asistencia orientado a la reestructuración de pasivos de pymes y particulares. El objetivo central es evitar el corte de la cadena de pagos y el deterioro del perfil crediticio.
En un contexto donde la administración de la liquidez y el cumplimiento de las obligaciones comerciales representan un desafío cotidiano para el entramado productivo, el sistema financiero privado formalizó el lanzamiento de una herramienta clave. Se trata de un programa de financiamiento extraordinario con un tope de hasta $100 millones, diseñado de manera específica para que empresas, comercios y particulares puedan reestructurar sus pasivos corrientes antes de que se consolide una situación de mora o un retraso en sus perfiles del Banco Central.
El mecanismo operativo de esta línea de asistencia se enfoca en la consolidación de deudas preexistentes —como saldos de tarjetas de crédito corporativas, adelantos en cuenta corriente o descubiertos bancarios— bajo un nuevo único instrumento financiero. De esta forma, el tomador del crédito puede unificar sus vencimientos de corto plazo y transformarlos en un plan de pagos a mediano término con tasas de interés morigeradas, logrando un alivio inmediato en el flujo de caja operativo y evitando la caída en las categorías de riesgo crediticio más severas de las agencias de calificación.
Fuentes del sector financiero destacaron que el acceso a estos fondos estará sujeto a un análisis de viabilidad técnica del negocio y a la demostración de ingresos recurrentes capaces de afrontar el nuevo esquema de cuotas. La medida fue recibida con optimismo por parte de las cámaras empresarias de medianas y pequeñas empresas, quienes venían advirtiendo sobre las dificultades para sostener el capital de trabajo y la necesidad de contar con herramientas de auxilio financiero que impidan el corte definitivo de la cadena de pagos en la economía real.








