Un ciudadano británico de 68 años logró cerrar una cuenta pendiente de su infancia gracias a las redes sociales. La historia detrás de la «figurita imposible» que le fue esquiva durante más de medio siglo se volvió viral en todo el mundo.
Para muchos coleccionistas, dejar un álbum incompleto es una espina clavada en el orgullo que el tiempo rara vez logra sanar. Esta premisa cobró un significado literal para un ciudadano británico de 68 años, cuya historia conmovió a las redes sociales al viralizarse el momento exacto en que logró pegar el último cromo faltante en su álbum oficial de la Copa del Mundo de México 1970. El protagonista de esta hazaña nostálgica había guardado el viejo cuaderno de ilustraciones en el fondo de un baúl de recuerdos, resignado a que la mítica colección de su infancia jamás vería la luz en un estado de finalización absoluta.
El objeto de su desvelo durante más de cinco décadas fue una figurita en particular, catalogada en el ambiente del coleccionismo vintage como una de las piezas más difíciles de hallar en el continente europeo debido a un error de distribución en la época de la cita mundialista. Tras varios intentos frustrados en ferias de antigüedades y mercados de pulgas a lo largo de su vida adulta, el hombre decidió probar suerte en un grupo de Facebook especializado en el intercambio de material deportivo histórico. Para su sorpresa, un coleccionista radicado en Italia poseía el ejemplar exacto en perfectas condiciones y aceptó enviárselo sin costo alguno tras conocer su conmovedor trasfondo.
El video que documenta el instante en que el jubilado abre el sobre proveniente del exterior y desliza con suma delicadeza el adhesivo sobre el casillero vacío acumuló millones de reproducciones en cuestión de horas. En declaraciones a medios locales, el hombre confesó sentir una profunda liberación emocional, asegurando que al sellar el álbum sintió que le había devuelto una enorme alegría al niño de 12 años que alguna vez fue. El curioso episodio reavivó la fiebre por las colecciones analógicas en plena era digital y demostró que la pasión por el fútbol y el coleccionismo no conoce de límites temporales ni de fronteras generacionales.







