Según datos de la consultora Scentia, las ventas en supermercados y autoservicios retrocedieron un 3,4% interanual. El golpe se siente más fuerte en las bebidas y los productos de limpieza, mientras los argentinos se refugian en segundas marcas para llegar a fin de mes.
La recuperación del consumo que el Gobierno esperaba todavía no aparece en las góndolas. Un nuevo informe reveló que en febrero el consumo masivo profundizó su caída, acumulando el segundo mes consecutivo en rojo para este 2026. Los más castigados fueron los supermercados y los autoservicios independientes, donde las ventas bajaron un 6,3% y 6,4% respectivamente comparado con enero. La caída no fue pareja: mientras que los alimentos básicos resisten como pueden, las bebidas sin alcohol se desplomaron un 12%, confirmando que hoy el recorte pasa por todo lo que no sea estrictamente indispensable.
El fenómeno detrás de los números es una «estrategia de supervivencia» por parte de los hogares. Seis de cada diez consumidores ya migraron hacia marcas más económicas y el uso de la tarjeta de crédito para pagar la comida del día a día se volvió una constante para el 70% de las familias. Ya no se trata solo de buscar ofertas, sino de un cambio de hábito profundo: se compra menos por vez, se compara más y se prioriza el canal online o los comercios de cercanía que permitan controlar el gasto al centavo.
¿Por qué es importante este dato? Porque el consumo representa el motor más grande de la economía argentina. Aunque el campo y la energía estén batiendo récords de exportación (como vimos en las últimas semanas), si el mercado interno no reacciona, la sensación de crisis va a seguir instalada en la calle. Para los pibes, la noticia es un reflejo de la realidad: el sueldo rinde menos y la planificación estratégica del gasto pasó de ser un consejo de ahorro a una necesidad básica para no quedarse sin nada antes de que termine el mes. Por ahora, el consumo sigue en terapia intensiva esperando que la inflación termine de ceder.









