El precio del petróleo se disparó un 8% en un solo día debido a la escalada del conflicto en Medio Oriente. Mientras las bolsas del mundo se hunden, en Argentina el riesgo país vuelve a subir y crece el miedo a un nuevo aumento de la nafta.
Cuando pensábamos que la inflación local era nuestro único problema, apareció el contexto internacional para recordarnos que el mundo está prendido fuego. El barril de crudo Brent superó la barrera de los 100 dólares tras el recrudecimiento de los ataques en el Estrecho de Ormuz, una zona clave por donde pasa gran parte del petróleo mundial. Esta subida del 8% en una sola jornada no es solo un numerito en la pantalla de un bróker: es el motor que empuja los costos de transporte y logística en todo el planeta, y Argentina no está aislada de este caos.
La reacción de los mercados fue inmediata y dolorosa. Las bolsas internacionales cayeron con fuerza porque los inversores temen que este «impuestazo energético» global frene el crecimiento de las empresas. En nuestro país, el impacto es doble: por un lado, las acciones de petroleras como YPF suelen subir porque lo que venden vale más, pero por el otro, los bonos argentinos se desploman y el Riesgo País sube. Esto pasa porque el mercado sospecha que al Gobierno se le va a hacer mucho más difícil bajar la inflación si el combustible sigue subiendo.
Para el usuario de a pie, el diagnóstico es reservado. Aunque Argentina produce su propio petróleo en Vaca Muerta, los precios locales están atados a lo que pasa afuera para no desincentivar la inversión. Si el crudo no baja pronto, la presión para que las petroleras vuelvan a retocar los precios en los surtidores será imparable. En un escenario donde el bolsillo ya está al límite, este shock externo es la peor noticia para el plan de desinflación del Gobierno y un dolor de cabeza extra para cualquiera que tenga que moverse en auto o moto.








